13 mayo, 2020

Bajo la lupa
Macron exhorta a la transformación del capitalismo y a pensar lo impensable

Alfredo Jalife-Rahme

 

Se vislumbra el Día Después del C-19 en geoestrategia y geoeconomía, donde se asientan el orden tripolar de EU/China/Rusia –con sus esferas de influencia/regionalismos– y la desglobalización.

En el ámbito político puro, que no puede pervivir sin geoestrategia ni geoeconomía, la extinción de la aciaga globalización encamina al planeta hacia nacionalismos/subnacionalismos, cuando la dicotomía de izquierda/derecha ha quedado superada por la nueva bifurcación de nacionalistas, en ascenso, y globalistas, en desuso, en espera de la nueva escisión de la Inteligencia Artificial entre EU y China (https://bit.ly/2WL6F4C).

A raíz de la crisis de la globalización financierista de 2008, comenté que George Soros, prototipo del mega-especulador financiero y presunto hombre de paja de los esclavistas banqueros Rothschild, acudió insólitamente a consultar al ilustre historiador marxista Eric Hobsbawm sobre el devenir (https://bit.ly/35QJnhK). El inconmensurable británico-alejandrino Hobsbawm, quien falleció un año después a los 95 años, ilustró a Soros sobre el advenimiento de una mezcla diferente de lo público y lo privado, de libertad y acción estatal y control (https://bit.ly/3dEOpkj), amén del resurgimiento del marxismo (https://amzn.to/2AbZDhw).

Soros despreció las enseñanzas de Eric Hobsbawm y siguió embriagándose con la globalización que agoniza 12 años más tarde.

En entrevista al Financial Times (16/4/20), portavoz de los globalistas, el presidente galo Macron diagnosticó que la crisis del C-19 constituye un evento existencial para la humanidad, lo cual cambiará la naturaleza de la globalización y la estructura del capitalismo internacional.

Macron, de 42 años, cumple el popular apotegma de farol de la calle; oscuridad en la casa cuando ha manejado pésimamente la legítima revuelta rural de los chalecos amarillos, marginados por la globalización, mientras vislumbra lúcidamente el nuevo orden mundial donde descuellan Rusia y China (https://bit.ly/2SUzaf6).

Macron fue empleado de los banqueros esclavistas Rothschild, por lo que su punto de vista adquiere singular trascendencia llegando incluso a, como consecuencia del C-19, jerarquizar las vidas humanas sobre el crecimiento económico como una oportunidad para enfrentar los desastres ambientales y las desigualdades sociales que amenazan la estabilidad del orden mundial.

Califica la pandemia de profundo choque antropológico y sentencia que la globalización en los años recientes estaba alcanzando el fin de su ciclo cuando estaba socavando a la democracia. ¡Sin duda!

Mas allá de su proclividad a las libertades y su aversión a los autoritarismos en Europa, manifestó su preocupación sobre el euro y el devenir de la Unión Europea que se encuentran amenazados si los miembros más pudientes, como Alemania y Holanda, no muestran más solidaridad con los países golpeados por la pandemia en el sur de Europa y que debería canalizarse en forma de una ayuda financiada por una deuda mutualizada (sic), lo cual eriza los cabellos políticos de alemanes y holandeses.

Con entonaciones neogaullistas sentencia que nos encontramos en el momento de la verdad, que es decidir si la Unión Europea es un proyecto político o es solamente un proyecto de mercado. Para Macrón la UE es un proyecto político. Pues no lo parecía…

Aboga poner fin al mundo hiperfinancierista y fortalecer la soberanía (sic) económica de Francia y Europa, en las baterías de vehículos eléctricos y en el equipamiento médico” del que se han vuelto sobredependientes de China.

Aduce que enfrentamos la profunda necesidad de crear algo nuevo porque eso es lo que nos queda hacer cuando hemos detenido a la mitad del planeta para salvar vidas, lo cual no tiene precedentes en nuestra historia.

Exhorta que el C-19 es la oportunidad para intentar (sic) humanizar el capitalismo. ¡Esa si que es una tarea hercúlea ya que el capitalismo en su quinta escencia es misántropo y propende al canibalismo!

Nacionalismo con humanismo universal sería la fórmula ideal de la salvación.

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