Bajo la lupa

Jueces-robots en los tribunales

Alfredo Jalife-Rahme

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La InteligenciaArtificial (IA) en el mundo judicial dio pie al juez robot en Estonia, donde se maneja un proyecto piloto desde su Ministerio de Asuntos Económicos y la Comunicación para, por lo menos, tratar los pequeños asuntos que le toman mucho tiempo a la justicia.

Bruno Kalouaz (BK), de la agencia AFP, aborda cómo las maquinas de IA servirán para “apuntalar, incluso sustituir, a los magistrados, además de descongestionar los tribunales (bit.ly/2K4BP1V), lo cual ha provocado un intenso debate en Francia.

El estoniano Ott Veisberg se encuentra a cargo del proyecto piloto que debe arrancar a finales de 2019 o a principios de 2020 que provocará trémulos en el mundo ya que la maquina o juez (a)-robot se encargará de resolver asuntos cuyo litigio sea inferior a 7 mil euros (alrededor de 150 mil pesos mexicanos) y que forman parte de la justicia reparadora, como asuntos basados en hechos claros y contables: el exceso de velocidad, indemnizaciones de despidos, pensiones alimentarias, deudas.

En Estonia se prevén salvaguardas cuando alguien esté insatisfecho de la sentencia automática que podrá apelar y solicitar la sentencia de un magistrado humano.

El jurista y magistrado francés Antoine Garapon (AG) –coautor del libro La Justicia Digital (amzn.to/2W2ZCXw)– favorece integrar la técnica para ayudar a los jueces, pero rechaza que la maquina sustituya a la justicia, por que no prolonga al cerebro humano.

AG advierte de la uniformización de la jurisprudencia que refuerza la posición mayoritaria, así como de sentencias que se apoyan únicamente en juicios añejos, sin tomar en cuenta el aire de los tiempos y las costumbres del momento, ya que el Internet le quita la dimensión de comparecencia que necesitan las personas. No hay que rechazar la IAque todavía se encuentra en su fase de inflación.

Adrien van den Branden, abogado de Bruselas y autor del libro Los robots al asalto de la justicia (amzn.to/2M5md0U), aduce que la IA puede ayudar al juez a ganar tiempo y a desconcentrar los tribunales, pero debe permanecer a cargo de su decisión.

BK cita a la abogada franco-canadiense Christiane Féral-Schuh, especialista de las nuevas tecnologías, quien es escéptica de la justicia predictiva, ya que se corre el riesgo de tratar simplemente con documentos y no con seres humanos cuando la justicia no es un servicio administrativo debido a que los números pueden alejar a los magistrados de la justicia.

La abogada parisina Marie-Aimée Peyron arremete contra los jueces-robots: son un peligro para la justicia, ya que carecen de humanidad; nada sustituirá al humano.

El problema es cuando se topa uno –en países poco desarrollados y carentes de tradición jurídica –con jueces venales que no tienen nada de humano, donde sería preferible el fallo automático de un robot inmune a las lubricaciones extra-judiciales.

Quizá en un inicio habría que experimentar en forma híbrida con los jueces-robots, en cierto tipo de países: dejando la justicia humanacon sus venerables magistrados dictando sentencias de acuerdo a su capacidad/experiencia/conciencia, pero contrastando sus veredictos con la de los jueces-robots, aunque carezcan, en un inicio, de validez vinculante. Se hace camino al andar…

Tampoco se puede eliminar la ayuda que podrían aportar los jueces-robots como auxiliares de los magistrados para cotejar las sentencias.

Incluso, las Facultades de Derecho deberían operar con jueces-robotspara contrastar, desde el punto de vista académico, las sentencias de los magistrados en el mundo real y calificar el desempeño humano con un ranking correlacionado.

Suena anómalo que las Facultades de Derecho se consagren únicamente a la teoría, que no pocas veces colisiona con la aplicación de la justicia en el mundo real, y que, lamentablemente en un país como México, es vulnerable a la repugnante y primitiva corrupción jurídica.

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