El esquema de bonos soberanos de oro se lanzó en noviembre de 2015 para tratar de reducir la demanda de oro físico en el país y convertir parte del ahorro interno, destinado a la compra de oro, en ahorros financieros.

La India vuelve a insistir en sus políticas para tratar de introducir el oro de sus ciudadanos en el sistema financiero. El pasado 9 de octubre lanzó una nueva emisión de bonos soberanos de oro que estará abierta hasta el 27 de diciembre. Los bonos están denominados en unidades de un gramo de oro y sus correspondientes múltiplos. Así, la inversión mínima por bono es de un gramo con un límite máximo de suscripción de 500 gramos por bono. El límite máximo de suscripción es de 4kg por individuo y 20kg para los fideicomisos y entidades similares por periodo comprendido en año fiscal (abril-marzo).

Los bonos suscritos con tenencia de 8 años serán negociables en las bolsas de valores y los inversores serán compensados ​​a un interés fijo del 2,50% anual pagadero semestralmente sobre el valor nominal. El precio del bono está fijado en rupias, tomando como cálculo el promedio simple del precio de cierre del oro de pureza de 999 publicado por la India Bullion and Jewelers Association Ltd en la semana (entendida de lunes a viernes) anterior al período de suscripción. El reembolso de los bonos podrá ser en efectivo, hasta un máximo de 20,000 rupias.  Además, según se establece, estos bonos pueden utilizarse como garantía para préstamos y el impuesto sobre las plusvalías derivado del reembolso a particulares ha quedado exento

La apetencia del oro por la India supone un verdadero quebradero de cabeza para las autoridades del país. Por un lado, las masivas importaciones realizadas para satisfacer la demanda interna afectan negativamente la cuenta corriente del país. Por otro, las medidas impositivas adoptadas para tratar de frenar el consumo y las importaciones, han propiciado el auge del mercado negro del oro, que elude las obligaciones tributarias establecidas.  Y entre uno y otro extremo, existen tres propuestas concretas que tratan de ganar la confianza –y el oro- de millones de personas que guardan su riqueza y patrimonio en oro físico. Y de otras instituciones, como templos religiosos a los que se les estima una posesión de al menos 2.500 toneladas de oro.

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