Donald J. Trump camina hacia su juramentación como 45avo Presidente de Estados Unidos.

23 de enero de 2017

Del Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, viene el alarido lastimero, pero muy verdadero, en un artículo de opinión del diario alemán Bild am Sonntag este domino 22: “Hay mucho en juego hoy. Con la elección de Donald Trump, el viejo mundo del siglo 20 se acabó para siempre”.

Y de Helga Zepp-LaRouche, la fundadora del Instituto Schiller, conocida en China como “la Dama de la Ruta de la Seda” por su campaña de 30 años en pro de los proyectos e instituciones del puente terrestre mundial, viene la respuesta:

“Steinmeier, sin embargo, no sabe cuál es el nuevo orden, pero nosotros. Él reconoce que se ha iniciado una nueva era. Pero su propósito es, ¿podemos establecer un nuevo orden para el bien común de la humanidad?”

No importa que tantas veces repita el Presidente Donald Trump la consigna de “Primero América”, su elección sigue siendo un fenómeno internacional, una de las muchas elecciones que ocurren en el mundo ahora, en las que se viene repudiando al viejo orden de Wall Street y de la City de Londres, de “globalización, desindustrialización y guerras imperiales”.

La OTAN está obsoleta, así como la Unión Europea; lo mismo que el “nosotros ponemos las reglas” como decía Obama, ni tumbamos regímenes que no “nos” gustan mediante guerras.

El Presidente Trump ha reconocido que gracias a la Rusia de Putin existe ahora la posibilidad de terminar con los 15 años de guerras continuas en el Medio Oriente y el Norte de África, y que es posible un nuevo concepto de seguridad, el cual comparte la China de Xi Jinping, que le puede romper el espinazo al terrorismo internacional.

Él tendrá que llegar a reconocer que Xi es serio en su ofrecimiento de “una comunidad de destino común” mediante la construcción de la infraestructura de la Nueva Ruta de la Seda; para realizar la investigación y desarrollo de la fusión nuclear; para llevar a cabo la exploración lunar.

¿Se movilizará la población estadounidense, que ha votado para rechazar el viejo paradigma de la “globalización y desindustrialización”, para hacer que el nuevo gobierno y el nuevo Congreso hagan lo que es necesario para unirse a los nuevos motores del crecimiento y del avance científico?

Las pruebas ya están en marcha. La lucha para restaurar la Ley Glass-Steagall exige que Trump actúe y se separe del individuo que postuló para Secretario del Tesoro, quien públicamente se opone a la Glass-Steagall. Ya está en marcha una campaña nacional bipartidista para este fin.

Ya se están discutiendo proyectos de ley que se introdujeron en el Congreso para crear un “banco nacional de infraestructura”, pero tendrá que ser de un orden de magnitud mucho mayor, más atrevido, y deberá abarcar las fronteras de la ciencia y la tecnología como la energía de fusión, la exploración espacial, líneas ferroviarias continentales de alta velocidad. Y tendrá que ser una institución de crédito nacional vinculada a los bancos de desarrollo internacional de este nuevo orden, para emprender grandes proyectos que abarcan países y continentes.

En un momento excepcional, Trump habló de “no dominando, sino dirigiendo con el ejemplo brillante”. Ya está todo listo para que se una.

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