19.01.2017
Rusia
Alexander Dugin


En primer lugar, no sabía nada de John Sweeney, y eso que estoy trabajando regularmente con diferentes equipos de la BBC y he encontrado finalmente que son buena gente y hacen su trabajo muy profesionalmente. No tengo problema con concederles entrevistas. Mi experiencia con la BBC fue más o menos positiva. Fueron intelectuales, hicieron argumentos a favor de su posición, y sus críticas fueron más o menos normales y aceptables.

Pero esta vez fue diferente. Este personaje, sobre el que no había oído antes, entró en nuestra oficina y empezó a hacer algo increíble. Me empezó a atacar con acusaciones completamente estúpidas que no estaban contra mí personalmente, sino contra mi país, mi presidente, y mi pueblo. Y él hizo esto sin ningún argumento razonable en absoluto. Él dijo que Putin asesinó a Nemtsov, a Politkovskaya, y a otras personas.

Y cuando le pedí que me diera algún tipo de argumento para confirmar su posición, dijo: “Absolutamente, ¡Por supuesto tengo pruebas!, Putin asesinó a aquella gente porque trabajó en el KGB”. Tras esto fui atacado de nuevo: “Ustedes tienen los archivos pirateados de Podesta. ¡Sus chicos del KGB, usted mismo con Putin piratearon los correos electrónicos de Clinton!”. Cuidadosamente le pedí pruebas, pero él de nuevo remarcó el hecho de que Putin trabajó en el KGB. Se volvió un poco extraño, yo diría que hasta raro.

Tras esa ridícula discusión, le propuse esperar un poco hasta que Trump llegue al cargo y empiece una investigación apropiada en relación a los orígenes de esos correos electrónicos pirateados, pero Sweeney empezó a acusarme de nuevo: “Ustedes pusieron a Donald Trump en la oficina presidencial, así pues, nunca tendremos una investigación transparente”.

Esto fue suficiente para mí. Me harté de esas disparatadas acusaciones sin ningún argumento en absoluto y terminé esa conversación. No fue porque estuviera ofendido, sino porque era completamente estúpida y una ridícula pérdida de tiempo hablar con semejante idiota.

Este fue un ejemplo del periodismo de muy baja calidad. No era solamente propagandístico, sino que estaba por debajo de cualquier nivel profesional.

También, fue extraño para mí, porque la BBC nunca ha sido así. Tienen diferentes posiciones y argumentos, incluso críticas.

Fue divertido ver que dos personas en ésta película habían rechazado hablar con Sweeney: Trump y yo, que también él mismo descubrió que estaba tratando con un lunático.

Creo que esta película es un fracaso absoluto. Fue hecha como una especie de triste despedida por las élites globalistas. Es el fin de su torpe dictadura.

Ahora, la audiencia objetivo puede decidir por sí misma quién tiene razón y quién está equivocado.

Otra cosa interesante es que, antes de Trump, los rusos fueron culpados por todos los problemas, éramos el mayor mal en el mundo. Y nos habituamos más o menos a esta actitud. Pero ahora, el presidente Trump se ha convertido en otro tipo malo. La compañía de los tipos malos está creciendo. Dos de los países más grandes y más importantes en el mundo están acusados en los medios principales de comunicación por promocionar ideas conservadoras.

Esta ridícula película es una señal de la agonía de los globalistas. Ninguna persona intelectual considerará una película tan delirante como fuente confiable de información.

Ahora estamos entrando en un nuevo tipo de orden mundial y necesitamos un nuevo tipo de periodismo, que podría ser, al menos, argumentativo. La película de John Sweeney se remite al viejo orden mundial que refleja el pasado de la dominación globalista.

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