30.11.2016
Rusia
Estados Unidos
Deena Stryker

Las actuales acusaciones occidentales contra Rusia afirman que está tratando de “restablecer su Imperio”, el cual se desmoronó cuando la Unión Soviética implosionó en 1991. El caso principal de Occidente se centra en los estados bálticos y Polonia, que junto con Ucrania y Bielorrusia han estado dentro y fuera de la órbita rusa durante siglos. Aunque no hay ni siquiera una pizca de evidencia para sugerir planes actuales rusos más allá de su frontera occidental, las acusaciones occidentales proporcionan una excusa maravillosa para que la OTAN mueva tropas y los tanques golpeen contra su gigantesco vecino. Pero estos países no pueden ser mencionados como parte de un “Imperio” ruso cuando pasadas “ocupaciones” han sido provocadas por el hecho de que los mismos han servido repetidamente como ruta para las invasiones occidentales de Rusia.

Lo que los occidentales realmente quieren decir cuando hablan de un imperio ruso son los países a lo largo de la vasta frontera sur de Rusia. Más allá de la pared de los montes Urales, el continente eurasiático se extiende por miles de kilómetros hasta el Pacífico.

El ‘Imperio’ que, según se dice, el presidente Putin está tratando de revivir, no evolucionó de tierras gobernadas de forma independiente: sus interminables llanuras interrumpidas por unos pocos ríos lo dejaron en gran medida “deshabitado” o como terra nullius, en la era moderna.

Según Wikipedia:

Terra nullius… es una expresión latina derivada de la ley romana que significa “tierra de nadie”. Se utiliza en el derecho internacional para describir un territorio que nunca ha estado sujeto a la soberanía de ningún Estado, o sobre el que cualquier soberanía previa expresa o implícitamente ha renunciado a la soberanía. La soberanía sobre el territorio que es terra nullius puede ser adquirida través de la ocupación, aunque en algunos casos hacerlo así podría violar alguna ley o tratado internacional

Asia central y meridional fue habitada predominante por las tribus persas hasta el siglo V, cuando los pueblos túrquicos comenzaron a separarse a través del área. En el siglo XII, los jinetes mongoles de Ghengis Kahn arrasaron la llanura eurasiática hasta Kiev y Muscovy. Esa gran área en el lado occidental de los Urales era una civilización próspera conocida como Rus de Kiev. Los mongoles instalaron durante cuatro siglos un sistema de propiedad estatal de la tierra y del pueblo. Dictando la posición de cada ruso, este sistema continuó bajo el todopoderoso estado zarista, y después de la revolución bolchevique. (Ver mi crítica del incomparable “La tradición rusa” de Tibor Szamuely en OpedNews).

Desde finales del siglo XIII hasta la I Guerra Mundial, el Imperio Otomano, hogar del califato musulmán, gobernó la mayor parte de Asia central, y fue a través de guerras combatidas contra Turquía que Rusia adquirió mucho de lo que hoy se conoce como los ‘istán’ (Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán y Kazajistán). Después de la Revolución Rusa, estos países incipientes fueron incorporados a la Unión Soviética. Las zonas orientales, conocidas como Turkestán Oriental o Xinjiang, fueron incorporadas a la República Popular China.

Desde antes de la era cristiana hasta la Edad Media, la Ruta de la Seda, famosa por los cuentos de Marco Polo, viajó por Asia Central, desapareciendo y reapareciendo de acuerdo con las crecientes y menguantes oportunidades comerciales. En el siglo XX, los países a lo largo de su ruta -los istán- registraron una importante modernización, y con el colapso de la Unión Soviética se convirtieron en miembros independientes de la Federación Rusa de Estados Independientes.

Esto en cuanto al Imperio ruso de Vladimir Putin. ¿Y en cuanto a Estados Unidos?

Durante miles de años, América del Norte estuvo habitada por tribus indígenas, y de acuerdo con el derecho internacional moderno, se habría considerado terra nullius en el momento de la conquista europea. A medida que los colonos blancos se desplazaban hacia el oeste, los habitantes originales fueron perseguidos, y los supervivientes conducidos a “reservas”, donde la mayoría de ellos han permanecido hasta el día de hoy.

Estados Unidos no incluye ningún estado “indio” – además, ha intervenido constantemente en Centroamérica y México, donde el “desarrollo” es quizás la mitad del de los Estados Unidos.

Nuestros vecinos de un sur al que por mucho tiempo nos referimos como “nuestro patio trasero”, están dirigidos por señores de la droga, su juventud es obligada a unirse a las bandas, o a viajar en trenes hacia la frontera con los Estados Unidos, donde niños no acompañados se enfrentan a la deportación en vez de al cuidado en la que se pregona como la nación más rica del mundo.

Los Estados Unidos no adquirieron sus límites actuales hasta después de la guerra de dos años que siguió a la anexión de 1845 del territorio mexicano de Texas. Desde 1945, los EE.UU. han invadido 44 naciones, según con una “History of U.S. Military Interventions since 1890” [“Historia de las intervenciones militares de Estados unidos desde 1890”] en http://academic.evergreen.edu/g/grossmaz/interventions.html. La tabla no incluye ejercicios militares en tierras extranjeras, el estacionamiento de tropas en el exterior, las acciones encubiertas, el entrenamiento de tropas extranjeras y muchas otras formas de agresión.

Apenas debería ser necesario hacer patente que, mientras los Estados Unidos fracasaron en incorporar la mayoría de las tierras que invadieron, adaptando su “asistencia” para beneficiar a las corporaciones estadounidenses, la Rusia soviética siguió un proceso de modernización que continúa hasta nuestros días. En un último insulto a su público, la prensa estadounidense ha evitado informar sobre el mayor proyecto de desarrollo que el mundo ha visto jamás: la New Silk Road [Nueva Ruta de la Seda] conjunta ruso-china, también conocida como One Belt, One Road [Un cinturón, una ruta]: https: // en. wikipedia.org/wiki/One_Belt,_One_Road , que unirá China a Europa a través de ferrocarriles, carreteras y puertos ultra-modernos.

Mientras tanto, los indios americanos sólo obtienen titulares cuando ponen sus cuerpos delante de las excavadoras que convirtien sus antiguos sitios de entierramiento en oleoductos.

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