Activistas de LaRouchePAC en la manifestación frente a la Casa Blanca en contra del veto de Obama a la Ley Justicia Contra los Patrocinadores de Terrorismo (JASTA, por sus siglas en inglés), que fue anulado por las dos Cámaras del Congreso con una votación bipartidista sin precedentes. 9/20/2016 [Image / Jason Ross / All Rights Reserved]
 30 de septiembre de 2016 — Hace cinco días, Lyndon LaRouche planteó las tareas urgentes que tenía enfrente la nación y lo que había que hacer al respecto: “Anular el veto a la ley JASTA; sacar a Obama; aprobar la ley Glass-Steagall”. En ese momento informamos que “las próximas 72 horas son decisivas para el destino de la Ley JASTA y de Obama, y con ello, el destino de Estados Unidos y del planeta”.

LaRouche estaba en lo correcto. Con la derrota humillante que recibió Obama en el Senado y en la Cámara de Representantes con la votación para anular su veto de la ley JASTA, logramos nuestro primer objetivo. “Esto se ve bien; ¡fue una maniobra muy buena!”, comentó LaRouche, y agregó que esto es un caso cerrado que no se puede dar marcha atrás. Ya sucedió; estuvo bien, y se mantendrá.

Hemos logrado una victoria que ya está generando un cambio estratégico fundamental en Estados Unidos e internacionalmente, un giro que la población estadounidense apenas comienza a sentir, y que no se muestra en el circo electoral presidencial que vive el país.

Ahora hay que continuar: Se tiene que organizar al Congreso para que apruebe la ley Glass-Steagall de inmediato, como el primer paso hacia la reorganización de la economía en general, antes de que estalle todo el sistema transatlántico. Y no hay tiempo que perder en absoluto: El banco más grande de Alemania, el Deutsche Bank, se hunde como una piedra y enfrenta un asalto especulativo gigantesco por parte de los fondos buitre y elementos como George Soros, quienes están apostando a que el gobierno alemán sea forzado a rescatar al banco. Y el Deutsche Bank es solo la punta del témpano de todo el sistema bancario transatlántico cargado de derivados financieros.

En cuanto a Obama y la suerte que le espera, LaRouche le recordó a la gente de manera muy vigorosa que no se olviden nunca de la responsabilidad de Obama, no solo en el encubrimiento y en la defensa (igual que Bush antes que él) de los terroristas británico-saudíes que lanzaron el 11-S, sino por los muchos ciudadanos estadounidenses y otros que el ejecutó en sus sesiones secretas de los martes en la Casa Blanca, en las que personalmente decidía quién sería asesinado esa semana con los drones de Estados Unidos. Esos asesinatos son característicos de Obama, señaló LaRouche, porque es un carnicero semejante a su padrastro. Obama es un asesino en masa en toda escala; y no obstante, la gente se postra ante él y admira su autoridad.

“Obama es realmente perverso”, dijo LaRouche, y se le tiene que sacar del cargo de inmediato. Obama representa una profunda fuente de maldad, que simplemente ha asesinado a muchos ciudadanos estadounidenses y otros. Y no hubo ninguna respuestas significativa de oposición a esos crímenes, señaló LaRouche. Ahora, con lo que ha comenzado con la promulgación de JASTA, podemos finalmente deshacernos de este asesino de ciudadanos estadounidenses y otros. “Esos son los hechos”, insistió LaRouche.

Por su parte, este Obama políticamente ensangrentado ha decidido intensificar su confrontación con Rusia y China hasta el punto de quiebre. Este miércoles, el vocero del Departamento de Estado, John Kirby, amenazó con desatar el terrorismo dentro de Rusia, si Putin no se inclina ante la alianza de Obama con los terroristas dentro de Siria. La respuesta de Rusia a la amenaza fue inmediata, inquebrantable, y precisa: “No podemos considerarla de ninguna otra forma que como un apoyo de hecho, de Estados Unidos a los terroristas”, declaró el viceministro de Relaciones Exteriores de Rusia Sergei Ryabkov.

Ahora que el pueblo estadounidense y sus representantes en Washington, han probado como se pueden parar las políticas perversas de Obama de un momento a otro, mandémoslo de paseo, y aprobemos de inmediato la ley Glass-Steagall de Franklin Roosevelt.