El Presidente Barack Obama da su discurso más relevante en el que afirma su compromiso a buscar la paz y la seguridad del mundo sin armas nucleares, frente a miles de personas en Praga, República Checa, el 5 de abril del 2009.

5 de julio de 2016 — La Conferencia de Alcaldes de Estados Unidos, en su reunión anual del 24 al 27 de junio en Indianápolis, emitió un ataque feroz al gobierno del Obama, dirigido directamente a los imponentes ejercicios militares de la OTAN que se llevan a cabo en estos momentos en la frontera con Rusia; al gasto de $1 billón de dólares, de Obama, para la modernización de armas nucleares; por no haber tomado las medidas importantes para reducir las armas nucleares; su política de beligerancia hacia Rusia y China, y su indiferencia por el derrumbe profundo en Estados Unidos de la infraestructura básica y del bienestar general de la población. Hay que subrayar que ni uno solo de los periódicos más grandes de Estados Unidos informaron algo de este evento.

La Conferencia de Alcaldes tuvo lugar al mismo tiempo en que se llevaba a cabo la histórica Conferencia del Instituto Schiller en Berlín, Alemania, en la cual Helga Zepp-LaRouche, fundadora y presidenta del Instituto Schiller, comenzó su discurso inaugural diciendo que “vivimos una crisis existencial de la civilización, absolutamente sin precedentes. Tenemos la coincidencia del peligro de guerra, en donde la OTAN está confrontando a Rusia de manera muy, muy agresiva, lo cual podría llevarnos a la Tercera Guerra Mundial. Tenemos que Estados Unidos está buscando una confrontación con China en el Mar Meridional de China. Tenemos la amenaza de una nueva crisis financiera como la del 2008, que podría hacer estallar al sistema financiero”.

La Resolución de los Alcaldes hace un elogio fingido a la visita de Obama a Hiroshima y el desenlace de los acuerdos con Irán, pero luego afirma que:

“Al mismo tiempo, el gobierno de Obama ha reducido el arsenal nuclear de Estados Unidos mucho menos de lo que hizo cualquier presidencia posterior a la Guerra Fría, y ha sentado las bases para que Estados Unidos gaste $1 billón de dólares en las próximas tres décadas para mantener y modernizar sus bombas y ojivas nucleares, las plantas para producirlas, los sistemas logísticos, de comando y control, y los otros países que tienen armamento nuclear están haciendo lo mismo… Los países que tienen armamento nuclear están más cerca que nunca de una confrontación militar directa en zonas de conflicto en el mundo, y los ejercicios militares más grandes de la OTAN en décadas, que involucran a 14,000 soldados de Estados Unidos, y la activación de la defensa antimisiles estadounidense en Europa oriental, está alimentando las tensiones entre los gigantes que tienen armas nucleares, y según William Perry, ex Secretario de Defensa: ‘La probabilidad de que haya una calamidad nuclear es superior hoy, creo yo, de lo que fue durante la Guerra Fría’ “.

La Resolución hace un contraste directo entre esta amenaza y el enorme despilfarro de recursos en la colapsada economía de Estados Unidos:

“La infraestructura en deterioro pone en riesgo la seguridad pública y la calidad de la vida, y la creciente disparidad en los ingresos está forzando a la gente a irse de las ciudades estadounidenses, y los fondos federales se necesitan desesperadamente en nuestras comunidades para construir viviendas económicas, crear puestos de trabajo con salarios dignos, mejorar el sistema de tránsito, y desarrollar fuentes de energía sustentables”. Hace un llamado a que los fondos que se están utilizando en el desarrollo nuclear se dirijan a “abordar las necesidades urgentes en las ciudades y a reconstruir la derruida infraestructura nacional”.

La Resolución no exige que este Presidente salga de su cargo (cosa que debería haber sido obvia) por los crímenes ya descritos: por crear una amenaza existencial inminente a la humanidad por medio de una guerra termonuclear. En vez de eso, solo pide que “el próximo Presidente” actúe. No obstante, pide que “como una cuestión de urgencia, [se tomen] nuevas iniciativas diplomáticas para aminorar las tensiones con Rusia y con China”.

Lo que por supuesto falta, es la solución, y es allí donde reside la diferencia decisiva entre la Conferencia de Alcaldes y la del Instituto Schiller en Berlín. Helga Zepp-LaRouche le dijo al público asistente a esta conferencia en Berlín:

“Esta conferencia tiene un tema, o un tema subsumido, se trata de definir las soluciones a estas crisis; analizar ¿cuál será el nuevo paradigma? Y ¿será capaz la humanidad de resolver esta crisis existencial? Tenemos conferencistas destacados de cuatro continentes, de muchos países, y obviamente ellos son las personas, o ellos representan al tipo de personas que están decididas a conseguir una solución”.

De hecho, casi todos los conferencistas abordaron la urgencia de implementar las soluciones asociadas ya hace mucho tiempo con Lyndon LaRouche y Helga Zepp-LaRouche, a saber, la reorganización del sistema financiero occidental en bancarrota por medio de la ley Glass Steagall en Estados Unidos y en Europa, y la ampliación de la iniciativa china de la Nueva Ruta de la Seda a todo el mundo, para ponerle fin a la geopolítica, en favor del desarrollo de proyectos que procuren las metas comunes de la humanidad.

El valor mostrado por la Conferencia de Alcaldes de Estados Unidos, una institución no partidista que representa a todas las ciudades de Estados Unidas con una población de más de 30,000 personas, al identificar la amenaza inminente de una guerra termonuclear global, le da a cada estadounidense una responsabilidad mucho mayor, para que movilicen a estos alcaldes, y a sus electores, para implementar el programa de LaRouche, antes de que Obama apriete el botón.