Maquinaria de terror y guerra anglo-saudí quedo expuesta en Florida; es hora de acabarla

Secretario de Defensa, Ash Carter, con el ministro de Defensa saudí, Mohammad bin Salman Al Saud, el 13 de mayo de 2015 en el Pentágono. Foto: Defense.gov News Photos archive.
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15 de junio de 2016 — Este martes 14 de junio se introdujo una resolución en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, la cual obliga al Congreso a desclasificar las 28 páginas secretas de la Investigación Conjunta del Congreso sobre el 11-S, que se realizó en 2002, y que se publiquen en el Registro del Congreso, sin la interferencia del gobierno de Obama. La Resolución 779 de la Cámara la introdujo el representante Walter Jones (republicano de Carolina del Norte), quien ya había originado anteriormente otra resolución (que cuenta ahora con 70 patrocinadores) que pedía a la Rama Ejecutiva que desclasificara las 28 páginas.

La nueva resolución señala que “el senador Graham ha caracterizado este capítulo de 28 páginas como una ‘pistola humeante’ que implica a Arabia Saudita en el financiamiento de ciudadanos saudíes cómplices en los asesinatos terroristas internacionales del 11-S cuando residían en San Diego”, y mucho más sobre la participación saudí y el encubrimiento de los gobiernos de Bush y de Obama. Señala que “la desclasificación y divulgación de este capítulo de 28 páginas puede llevar al Congreso a alterar la política exterior de Estados Unidos hacia Arabia Saudita”.

Esta iniciativa en el Congreso es el ultimo golpe en contra de la maquinaria de terror y guerra anglo-saudí, bajo cuyos auspicios se perpetró el asesinato en masa de florida la semana pasada. Y por la cual mienten con todo lo que tienen Obama, el director del FBI James Comey, y el director de la CIA John Brennan.

La procedencia de la alineación perversa anglo-saudí se documenta en una declaración recién publicada por el Comité de Acción Política de LaRouche (LaRouche PAC), titulada “Tienes la clave para detener la ola de terror: ¡Utilízala!” Ahí se aporta el historial esencial que data desde 1985, del sucio acuerdo Al Yamamah (La paloma) entre los reinos de Gran Bretaña y de Arabia Saudita, para intercambiar petróleo por armamento, y crear un fondo secreto para financiar operaciones sucias.

El fatal incidente de Orlando constituye ese tipo de operaciones sucias. Vean bien detrás de toda la algarabía que se ha publicado al respecto. El asesino, de personalidad inestable para empezar, trabajaba para la empresa de seguridad británica G4S, realizó dos viajes a Arabia Saudita, y llegó a trabajar en California y en Florida (estados en los que se prepararon los operativos del 11-S). Y mientras tanto, estuvo protegido por el FBI. La fachada de credibilidad se cayó.

Lyndon LaRouche declaró sobre esto, y llamó a que la gente “apunte en el blanco” y actúe rápido. Utilicen todo lo que tenemos en contra de esto para acabarlo. Sobre la atrocidad de florida, dijo que fue “una operación sumamente bien preparada, no convence en absoluto”. Trataron “llevar a cabo algo que no les funcionó”. Su operación se derrumbó.

Los funcionarios de Obama están exponiendo su propia participación con sus propias palabras. Obama dijo el lunes que la masacre de Orlando era solo “terrorismo local”, consecuencia del fácil acceso a las armas y la vulnerabilidad de las personas débiles ante el radicalismo y el ciberespacio. El director del FBI James Comey mintió al parejo. La semana pasada, el director de la CIA John Brennan proclamó que las 28 páginas son anacrónicas y que Arabia Saudita no ha hecho nada malo.

LaRouche resumió ese fraude: “La culpabilidad, la culpabilidad del gobierno, se muestra en sus propias opiniones”. En realidad, el efecto sobre la población, de ver y escuchar el fraude, constituye en sí otra onde de choque. El primer impacto llegó con la masacre del fin de semana; ahora, un segundo impacto proveniente de la flagrancia de las mentiras de Obama.

La realeza saudí misma anda desesperada recorriendo Estados Unidos esta semana. Vean el itinerario del visitante segundo en la línea al trono, príncipe Mohammed bin Salman. Lunes en la noche, cenó con el secretario de Estado John Kerry. Martes por la mañana se reunió con el Director de Inteligencia Nacional, James Clapper y con el jefe de la CIA Brennan. El miércoles, el príncipe está en el Capitolio, para reunirse con el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan y la líder de la minoría demócrata Nancy Pelosi; el viernes estará en la Base Naval de Norfolk Naval, con el secretario de Defensa Ash Carter; luego va a Manhattan, a Wall Street, y a ver al secretario general de la ONU Ban Ki-Moon; y finalmente al Valle del Silicón en California. ¿Y Obama? Tratando de pasar agachado. La Casa Blanca no ha querido confirmar si hay o no una reunión de Obama con el príncipe.