El impeachment avanza: con la votación del Senado brasilero, la presidenta Dilma Rousseff fue apartada de su cargo temporalmente. Este artículo parte de una certeza: el “golpe” a la presidenta no es por los errores de los gobiernos del PT, sino por sus aciertos. ¿Cuáles son los motivos para apartar de Planalto a una dirigente que fue votada por 54 millones de personas hace apenas un año y medio? ¿Qué políticas busca llevar adelante la derecha brasilera desde Planalto?

1) El “golpe” a Dilma es para aplicar un ajuste de verdad. A través de sus medios aliados, Temer dejó trascender que el programa “Bolsa Familia”, que actualmente llega a 46 millones de brasileros, se “focalizaría” en 10 millones. Eso, sumado a su idea de recortar abruptamente ministerios, y llevar a parte de la banca privada al sector público (a esta hora se habla de la llegada de Goldfajn, economista jefe de Itaú, al Banco Central) tiene una idea concreta detrás: ejecutar un programa económico ortodoxo, distinto al que el PT ensayó desde 2003. Las polémicas medidas del “Chicago boy” Levy durante 2015 -incorrectas para un gobierno progresista- podrían quedar como keynesianas al lado de las promesas iniciales de shock de Temer, quien viene a gobernar para los que más tienen.

2) La derecha no ganaría elecciones anticipadas. Por eso acude a una maniobra desesperada (pero posiblemente eficaz) luego de cuatro derrotas en elecciones presidenciales de forma consecutiva. La coalición PSDB-PMDB en el gobierno, con Serra (Cancillería) y Alexandre de Moraes (Justicia) como aporte tucano a los ministerios, es una estrategia defensiva frente al voto popular, mientras Neves retrocede en encuestas y Temer no aparece. Pero la derecha podría convertir el defecto en virtud, en caso de unificar candidaturas de cara a 2018. Resta mucho, y los antecedentes del PMDB para respetar acuerdos tampoco ayudan a que los tucanos estén con calma respecto al futuro, que es inestable para toda la clase política brasilera.

3) El impeachment fue fogueado por los grandes grupos mediáticos. Mientras los medios internacionales denuncian la maniobra destituyente, los grandes medios brasileros justifican el “juicio político”. Columnistas y analistas de CNN, The Guardian, Pravda, El País, y otros medios internacionales alertaron sobre la maniobra destituyente que tiene lugar en Brasil. Dieron cuenta que la presidenta no está involucrada en Lava Jato, y que su salida por trámites fiscales no tiene antecedente en la región. Pero Globo, Estado de Sao Paulo, Folha y Veja manejaron (y manejan) otro registro. Mezclaron la investigación relativa a Petrobras con las “pedaladas”, a fin de generar indignación en sectores medios.

Los motivos del “golpe” quedan así esclarecidos.(…)Brasil abre una verdadera “caja de Pandora” latinoamericana

4) Temer busca un nuevo realineamiento internacional de Brasil. Esto queda claro al leer “Puente para el futuro”, el “programa” que el PMDB sacó en 2015, año no electoral. Allí se dice que Brasil debe avanzar hacia EEUU y la UE “con o sin el Mercosur”, en busca de flexibilizar el bloque comercia hacia los países que componen el TPP (Acuerdo Transpacífico). No hay mención alguna a los BRICS, el influyente bloque de países emergentes que Brasil fundó en 2009, junto a China, Rusia e India (luego se sumó Sudáfrica). El Brasil de Temer, a juzgar por sus intenciones, volverá a darle la espalda a la región, lo que tendrá repercusiones directas en las instancias de integración creadas en la última década (entre ellas Unasur y CELAC).

5) El “golpe” también es contra los movimientos sociales. El senador Ronaldo Caiado mostró indignado, durante la sesión de impeachment en su cámara, una foto del Palacio de Planalto con banderas de organizaciones. “Esto no va más” dijo. Luego declaró que “no se puede admitir un presidente transformado un salón noble del Palacio en un campamento del MST y la CUT”. Aquellas declaraciones son fríamente calculadas: el objetivo no es solamente el PT, sino las organizaciones sociales, políticas y gremiales que acompañaron -aún con sus críticas- los gobiernos de Lula y Dilma.

6) Lula, el objetivo final de la estrategia desestabilizadora. El “fora Dilma, fora Lula, fora PT” que se gritó en la Cámara de Diputados durante la votación del impeachment tuvo mucho de revelación. Si el intento es borrar la experiencia de gobiernos populares del Partido de los Trabajadores, Lula allí ocupa un rol destacado, la cara más visible de los cambios. No sólo porque en el imaginario colectivo sus gobiernos fueron los mejores -sigue siendo el ex presidente mejor valorado del país, muy por encima de Fernando Henrique Cardoso-, sino porque además encabeza las encuestas rumbo al 2018. La derecha va a ir ahora tras su liderazgo, buscando profundizar el asedio judicial al ex sindicalista.

Los motivos del “golpe” quedan así esclarecidos. Sin embargo, sus repercusiones locales y regionales están lejos de dimensionarse. Brasil abre una verdadera “caja de Pandora” latinoamericana. Más allá de su prédica en una campaña gráfica, algo inédito en el marco de un juicio político, el gobierno de Temer parece lejos de intentar promover un “gobierno sin odio” y de “unidad para Brasil”, dos de los clichés de la derecha latinoamericana en el Siglo XXI.